La menopausia no es el final: lo que la evolución nos dice sobre la segunda etapa de la vida femenina

Hay una pregunta sobre la menopausia que rara vez nos hacemos.

No es:

¿Cómo puedo eliminar los sofocos?

Ni:

¿Qué puedo hacer para no engordar durante la menopausia?

La pregunta es mucho más interesante:

¿Por qué seguimos vivas después de dejar de reproducirnos?

Porque, desde el punto de vista de la evolución, esto es bastante extraño.

La menopausia no significa simplemente que los ovarios dejan de liberar óvulos. Significa que una mujer puede pasar décadas de su vida después del final de su etapa reproductiva.

Y eso es extraordinario.

La Organización Mundial de la Salud describe la menopausia como una transición biológica natural y señala que, para la mayoría de las mujeres, ocurre entre los 45 y los 55 años.

Pero la biología no termina ahí.

De hecho, podría decirse que ahí comienza una de las etapas más interesantes de nuestra historia evolutiva.


La menopausia es mucho más que dejar de menstruar

En términos clínicos, hablamos de menopausia cuando han transcurrido 12 meses consecutivos sin menstruación debido al cese de la función folicular ovárica, sin otra causa que lo explique.

Pero esa definición describe qué ocurre.

No explica por qué.

Y aquí aparece el gran misterio.

En muchas especies animales, el envejecimiento reproductivo y el envejecimiento del organismo suceden de forma relativamente paralela.

En otras palabras: cuando el animal envejece, también pierde progresivamente su capacidad reproductiva.

En las mujeres ocurre algo diferente.

La reproducción termina.

Pero la vida continúa durante mucho tiempo.

Según el análisis comparativo publicado en Nature, las mujeres bajo condiciones naturales de supervivencia y fertilidad pueden pasar, de media, alrededor del 42,5 % de su vida adulta en etapa postreproductiva. En las chimpancés salvajes, nuestros parientes vivos más cercanos, esa proporción es mucho menor.

¿Por qué habría seleccionado la evolución una vida femenina tan larga después de la reproducción?

Esa es la verdadera pregunta.


Una anomalía evolutiva fascinante

Si pensamos únicamente en reproducción, la menopausia parece un contrasentido.

La selección natural favorece, en términos generales, aquello que aumenta las posibilidades de transmitir los genes a las siguientes generaciones.

Entonces, ¿qué sentido tendría que una mujer dejara de reproducirse décadas antes de morir?

Durante mucho tiempo, esta cuestión fue considerada uno de los grandes enigmas de la biología humana.

Y todavía lo es.

No existe una única explicación aceptada por toda la comunidad científica.

Existen diferentes hipótesis evolutivas.

Pero todas parten de la misma observación:

la vida postreproductiva humana es demasiado larga y demasiado característica como para ignorarla.

Y aquí la historia se pone todavía más interesante.

Porque resulta que no somos los únicos.


No estamos solas: las ballenas también tienen menopausia

Cuando pensamos en menopausia pensamos en mujeres.

Quizá, como mucho, en seres humanos.

Pero existe otro grupo de mamíferos en el que este fenómeno ha evolucionado varias veces:

las ballenas dentadas.

Orcas.

Belugas.

Narvales.

Falsas orcas.

Calderones de aleta corta.

En 2024, un equipo internacional de investigadores publicó en Nature uno de los estudios comparativos más importantes sobre la evolución de la menopausia.

Analizaron datos de 32 especies de ballenas dentadas y encontraron que la menopausia había evolucionado independientemente al menos cuatro veces en cinco especies.

Y aquí aparece algo verdaderamente fascinante.

Los investigadores encontraron que las especies con menopausia no parecen haber evolucionado simplemente para reproducirse durante menos tiempo.

Han evolucionado para vivir más tiempo.

Es decir:

más vida, pero no necesariamente más reproducción.

Esto se conoce como la hipótesis live-long.

Y es una pista enorme para comprender nuestra propia menopausia.

Pero las ballenas merecen un capítulo propio.

Y lo tendrán.


Entonces, ¿para qué sirve una vida después de la reproducción?

Aquí es donde entramos en uno de los grandes debates de la biología evolutiva.

Una posibilidad es que las mujeres mayores puedan aumentar la supervivencia de sus descendientes ayudándoles directamente.

Otra es que dejar de reproducirse reduzca determinados costes y conflictos entre generaciones.

Y otra posibilidad es que la evolución haya favorecido una mayor longevidad porque las mujeres mayores aportaban algo que no se puede medir solamente contando bebés:

experiencia.

Conocimiento.

Recursos.

Protección.

Cuidado.

Cooperación.

Información sobre el entorno.

En otras palabras:

una mujer puede dejar de reproducirse sin dejar de ser biológicamente relevante para su grupo.

Esta idea está en el corazón de una de las hipótesis más conocidas sobre la menopausia:

La teoría de la abuela.

Pero esa historia es suficientemente interesante como para contarla por separado.


La menopausia no significa que la mujer deje de ser fértil para la vida

Aquí quiero hacer una distinción importante.

La menopausia sí marca el final de la capacidad reproductiva natural.

Pero fertilidad no es sinónimo de valor biológico.

Durante mucho tiempo, nuestra cultura ha asociado de forma consciente o inconsciente la juventud femenina con fertilidad y la pérdida de fertilidad con pérdida.

Como si la mujer fuera alejándose de su plenitud a medida que se alejaba de sus años reproductivos.

La evolución cuenta una historia bastante diferente.

Si la menopausia fuera simplemente el final de la utilidad de una mujer, sería difícil explicar por qué la selección natural habría favorecido una vida postreproductiva tan prolongada.

La pregunta evolutiva más interesante no es:

“¿Por qué deja de reproducirse?”

Es:

“¿Qué ventajas puede aportar una mujer durante las décadas en las que ya no se reproduce?”

Y ahí empieza a cambiar completamente la conversación.


La mujer después de los 40: una etapa, no un declive

La menopausia ocurre dentro de una vida mucho más larga que hace unas generaciones.

Hoy una mujer puede pasar una parte enorme de su vida en etapa peri y postmenopáusica.

Por eso tiene poco sentido pensar en la menopausia como una especie de “último capítulo”.

Es una transición.

Y la propia OMS recomienda abordar la menopausia desde una perspectiva de curso de vida, poniendo el foco en la salud y el bienestar antes, durante y después de la transición menopáusica.

Esto cambia también la forma de cuidar nuestra salud.

La menopausia no es solamente una cuestión de menstruación.

Es una etapa en la que adquieren todavía más importancia aspectos como:

músculo, huesos, salud cardiovascular, metabolismo, sueño, alimentación, movimiento, salud mental y calidad de vida.

No porque la menopausia sea una enfermedad.

Sino porque estamos entrando en una etapa diferente de nuestra biología.


Y aquí está la parte que más me interesa

Quizá la pregunta no debería ser:

“¿Cómo puedo volver a ser la mujer que era antes de la menopausia?”

Quizá deberíamos preguntarnos:

“¿Cómo quiero vivir las próximas décadas de mi vida?”

Porque la menopausia no es una enfermedad que haya que “curar”.

La OMS lo deja claro: la menopausia no es una enfermedad, aunque sus síntomas puedan afectar considerablemente a la calidad de vida y requieran atención.

Podemos tratar los síntomas.

Podemos utilizar herramientas médicas cuando están indicadas.

Podemos mejorar nuestra alimentación.

Podemos entrenar.

Podemos preservar masa muscular.

Podemos cuidar nuestros huesos.

Podemos dormir mejor.

Podemos proteger nuestra salud cardiovascular y metabólica.

Podemos aprender a interpretar las señales de nuestro cuerpo.

Pero no necesitamos declarar la guerra a nuestra biología.

Necesitamos conocerla.


Quizá la menopausia sea una transición hacia otra forma de poder

Hay algo profundamente interesante en esta perspectiva.

La primera mitad de la vida femenina está marcada, en gran medida, por la biología reproductiva.

Pubertad.

Ciclos.

Ovulación.

Embarazo.

Lactancia.

Crianza.

La menopausia cambia ese eje.

El cuerpo deja de estar biológicamente orientado a reproducirse.

Y eso puede abrir una etapa con otras prioridades.

No porque todas las mujeres tengan que convertirse en “abuelas cuidadoras”.

Ni porque exista una función femenina única después de la reproducción.

Sino porque la vida humana es mucho más grande que la reproducción.

Somos animales que acumulamos conocimiento.

Que enseñamos.

Que cooperamos.

Que creamos.

Que cuidamos.

Que lideramos.

Que transmitimos cultura.

Y quizá parte de nuestra extraordinaria longevidad tenga precisamente que ver con ello.


Una segunda primavera, pero con ciencia

Me gusta la expresión segunda primavera porque cambia el lenguaje.

No habla de una mujer que está “terminando”.

Habla de una mujer que está entrando en otra estación.

Pero no necesitamos romantizar la menopausia.

Puede ser incómoda.

Puede alterar el sueño.

Puede afectar al estado de ánimo.

Puede modificar la composición corporal.

Puede traer síntomas que interfieren seriamente con la vida cotidiana.

Todo eso es real.

La solución tampoco consiste en decir:

“La menopausia es maravillosa, simplemente acéptala.”

No.

Comprender nuestra biología no significa resignarnos a ella.

Significa tener más herramientas para tomar decisiones informadas.

Y aquí está la diferencia.

No queremos combatir nuestro cuerpo.

Queremos aprender a trabajar con él.


La pregunta que nos dejan las ballenas

Y entonces llegamos al punto más fascinante.

Si determinadas ballenas también han evolucionado hacia una vida larga después de reproducirse…

Si las orcas pueden vivir décadas después de su última cría…

Si las hembras mayores pueden seguir siendo importantes para la supervivencia de su familia…

Y si los humanos hemos desarrollado también una extraordinaria vida postreproductiva…

¿qué está haciendo una mujer después de la menopausia que podría haber sido tan importante para nuestra evolución?

La respuesta nos lleva directamente a las orcas, las abuelas y el conocimiento que las hembras mayores transmiten a las generaciones más jóvenes.

Y ahí es donde la historia se vuelve todavía más sorprendente.


Porque quizá la menopausia nunca fue el final.

Quizá fue una de las razones por las que llegamos tan lejos.


En el próximo artículo

¿Por qué las orcas tienen menopausia?

Descubriremos qué ocurre cuando una hembra deja de reproducirse pero continúa siendo fundamental para su familia, por qué las orcas mayores pueden actuar como auténticas “memorias vivientes” de su grupo y qué nos puede enseñar todo esto sobre la mujer después de la menopausia.


Referencias científicas

Ellis S, Franks DW, Nielsen MLK, Weiss MN, Croft DP, et al. The evolution of menopause in toothed whales. Nature. 2024;627:579–585. doi:10.1038/s41586-024-07159-9.

Hawkes K, O’Connell JF, Blurton Jones NG, Alvarez H, Charnov EL. Grandmothering, menopause, and the evolution of human life histories. Proceedings of the National Academy of Sciences. 1998;95(3):1336–1339.

Kirkwood TBL, Shanley DP. Testing evolutionary theories of menopause. Proceedings of the Royal Society B. 2007.

Hawkes K. Revisiting “Grandmothers and the Evolution of Human Longevity”. American Journal of Human Biology. 2025;37(4):e70045.

World Health Organization. Menopause. 2024.

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